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Soberanía energética: Chile impulsa articulación clave para una transición justa

  • hace 17 horas
  • 5 Min. de lectura

La discusión sobre el fin de los combustibles fósiles dejó de ser una proyección lejana. En Santiago, un encuentro de actores políticos, científicos y organizaciones sociales puso sobre la mesa el lugar que podría ocupar Chile frente a un tratado internacional que busca limitar su expansión, en un escenario global marcado por presiones energéticas, climáticas y geopolíticas.


Con una alta convocatoria y una participación diversa de organizaciones sociales, parlamentarios y mundo científico, se realizó el encuentro “Chile ante el Tratado sobre Combustibles Fósiles”, una instancia que permitió discutir el escenario energético global y consolidar la articulación en torno a la campaña “Chao combustibles fósiles, soberanía energética ya”.


La actividad, organizada por Colectivo VientoSur y Movimiento por el Agua y los Territorios, en la Fundación Heinrich Böll, se posicionó como un espacio clave para proyectar la participación chilena en la próxima conferencia internacional en Santa Marta (Colombia), en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, crisis climática y disputas por recursos energéticos y minerales críticos.


A nivel internacional, la propuesta del Tratado Sobre Combustibles Fósiles plantea tres ejes: detener la expansión de nuevos proyectos fósiles, reducir progresivamente la producción existente y asegurar una transición justa. A escala regional, el informe “Latin America Energy Outlook 2023” de la Agencia Internacional de Energía indica que aproximadamente dos tercios del consumo energético en América Latina continúa dependiendo de fuentes fósiles, evidenciando la magnitud del desafío que enfrenta la región.


En Chile, el avance de las energías renovables ha sido significativo: en 2023 representaron un 61% de la generación eléctrica, según el informe “Anuario Estadístico de Energía 2024” de la Comisión Nacional de Energía. Sin embargo, al observar la matriz energética total —que incluye transporte, industria y consumo final— los combustibles fósiles aún alcanzan cerca del 72%, de acuerdo con el “Balance Nacional de Energía 2022” del Ministerio de Energía de Chile. Por ello la campaña Chao Combustibles Fósiles ¡Soberanía energética YA! ha recorrido tres ciudades con encuentros y charlas sobre la necesidad de un futuro donde la transición justa esté al centro.


La necesidad de anticiparse

Uno de los consensos transversales del encuentro, moderado por Ámbar García de Latinas por el Clima, fue el inevitable fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, lejos de una mirada optimista, las intervenciones apuntaron a la urgencia de planificar ese escenario. Desde la Fundación Ecosur, Pamela Poo enfatiza que el agotamiento de los combustibles fósiles no es una posibilidad, sino una realidad inminente que requiere una preparación profunda de la sociedad civil para evitar un “decrecimiento brutal”.


“Los combustibles fósiles se van a acabar. Eso es un hecho. No sabemos si en dos décadas, tres décadas, pero se van a acabar (…) El tratado nos sirve para empezar a plantar las bases de esa transición… que no sabemos si va a ser vivir por la fuerza… o de manera planificada”, enfatizó.

Uno de los puntos más críticos del debate fue la evaluación del proceso de transición energética en Chile. Si bien se reconocieron avances en energías renovables, se cuestionó que estos no hayan implicado una reducción efectiva de la dependencia de combustibles fósiles.


En el panel, el diputado Daniel Melo, del Partido Socialista, destacó que pese a los avances regulatorios, no se produjo un desacople real de la matriz energética, lo que mantiene al país en una situación estructural similar a la de décadas anteriores. En esa línea, se enfatizó que las decisiones en materia energética son profundamente políticas, no solo técnicas.


“Acá (en Chile) hubo una verdadera revolución en materia de energía renovables no convencionales. Si el problema es que eso no fue desacoplado respecto a la generación de energía de combustibles fósiles. Pero eso también a propósito de este tratado o de esta posibilidad son decisiones que son políticas”, explicó Melo.

Por su parte, desde el ámbito científico vinculado al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Cecilia Ibarra subrayó que la transición es técnicamente posible, pero depende de definiciones políticas claras, como la eliminación de subsidios a los combustibles fósiles y el establecimiento de regulaciones más estrictas. En este sentido, se insistió en que la ciencia y la tecnología no son neutras, sino que responden a decisiones sociales sobre qué tipo de desarrollo se desea impulsar. Desde las perspectivas técnica y legislativa, se destacó que la transición es una meta alcanzable y no una utopía, y debe orientarse hacia objetivos sociales definidos, como la eliminación de los subsidios a los fósiles.


“Yo creo que que el asunto es ponernos de acuerdo en lo que queremos hacer, porque la ciencia no es neutra. La ciencia eh y la tecnología se desarrollan en lo que nosotros queremos desarrollar. Entonces, eh mientras mientras no tengamos claridad, por ejemplo, respecto a suspender subsidios a los combustibles fósiles, poner normas que permitan realmente cerrar actividades que no van en la dirección de contener las emisiones, mucho del desarrollo tecnológico es reactivo”, afirmó Cecilia Ibarra.

Se advirtió que el escenario internacional —incluyendo conflictos bélicos, alza en los precios de alimentos y crisis económicas— evidencia la fragilidad de las actuales formas de organización social, y refuerza la necesidad de prepararse para escenarios de escasez energética. En este contexto, se cuestionó incluso la noción misma de “transición energética”, planteando que lo que actualmente ocurre es más bien un recambio tecnológico sin transformación estructural, donde nuevas fuentes como el hidrógeno verde podrían reproducir lógicas extractivistas si no se redefinen sus escalas y objetivos.


Uno de los ejes que atravesó toda la jornada fue la necesidad de avanzar hacia una soberanía energética, entendida no solo como diversificación de fuentes, sino como un proceso democrático que incorpore a las comunidades en la toma de decisiones. En este sentido, se destacó el potencial de iniciativas como la energía comunitaria, así como la importancia de ampliar el debate más allá de las grandes infraestructuras, incorporando a la ciudadanía en la definición del modelo energético.


El encuentro configuró un espacio de intercambio entre actores que hoy participan activamente en la discusión energética, dejando planteadas líneas de trabajo y posiciones en torno al tratado. . Este proceso busca proyectarse hacia la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que se realizará en Santa Marta, Colombia, convocada por ese país junto a Países Bajos, donde gobiernos, sociedad civil y organismos internacionales abordarán rutas para acelerar la salida de los combustibles fósiles en el escenario global.


La campaña “Chao combustibles fósiles, soberanía energética ya” parte con una serie de encuentros que ya tuvo versiones en Chiloé y Quintero, y que continuará en Copiapó durante abril y emerge como un marco articulador que busca precisamente conectar estas dimensiones: justicia climática, democracia energética y transformación estructural.

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